Llegó el momento de desvelar el por qué abandoné el tenis,
aquel deporte que tanto me hacía sentir bien, que tanto me reconfortaba y que
todavía sigue apasionándome.
Como ya dije en mi anterior entrada de ME INTERESA, hice muy
buenos amigos en mi aventura deportiva que todavía hoy conservo, pero todos
ellos llevaban 5 años de ventaja en este deporte, que fue lo que empezaría, a
lo largo de los años, a marcar tan gran diferencia. Y no es que me esté
excusando, pero así lo veían mis entrenadores.
Yo era una niña que practicaba deporte por diversión, para
distraerme y liberar esas pequeñas tensiones de la escuela que, al ser niños,
nos parecen un mundo, para hacer nuevos amigos en un ambiente sano y deportivo
pero, sobre todo, para aprender nuevas habilidades, en este caso tenísticas,
divirtiéndome.
Al principio teníamos una entrenadora especial, era muy
severa, puntual, estricta pero, a la
vez, comprensiva con las diferencias individuales de cada uno de sus alumnos.
Con esta encantadora mujer entrenábamos todos juntos divididos en dos pistas,
se interesaba por nosotros, realizaba feedbacks bien negativos o bien positivos
en cada golpe que realizabas. Con ella
nos esforzábamos al máximo, nos sacaba nuestro máximo rendimiento, todo fluía. Al
final de la sesión nos reuníamos y hacíamos un pequeño resumen de la clase
mientras estirábamos. En fin, fue una muy buena entrenadora y aunque estaba
claro que habían grandes diferencias a nivel de rendimiento y habilidad ella
nunca lo revelaba, e incluso lo intentaba disimular para que ninguno de
nosotros se sintiese excluido o “inútil”. Debido a la buena y merecida fama que
se ganó esta profesora, mucha gente comenzó a apuntarse a tenis en nuestro
club; ya éramos una gran familia. Pero las malas noticias llegaron al club, la
entrenadora se tuvo que marchar a su ciudad para no volver por motivos personales y le hicimos
la despedida que se merecía. Fue una noticia muy triste para todos nosotros porque la queríamos muchísimo.
De pronto, sin comerlo ni beberlo, aparecieron dos nuevos
entrenadores como sustitutos permanentes de nuestra antigua profesora que, al
parecer, querían cambiar el club de arriba abajo empezando por convertirlo en
un club de “entrenamientos de alto rendimiento”, en cuanto era un club que en
sus principios propiciaba el deporte, el aprendizaje y la diversión; sobre todo tuvo que
ver uno de ellos, que era el que mas poder tenía en el club. Una buena parte de
mis amigos de siempre, empezaron a desapuntarse, a abandonar el tenis y nos
quedamos muy pocos en comparación de los que éramos antiguamente. Ya nada era
lo mismo, empezaron a separarnos por niveles de habilidad digámoslo así, no
coincidíamos nunca ni en el día de entrenamiento ni en las horas siquiera y si
coincidíamos entrenábamos en pistas que estaban a la otra punta de las que “los
mas buenos” entrenaban. Todos estábamos descontentos pero aguantábamos
entrenando ansiosos por que llegase el verano. Por lo menos, en el campus de
verano hacían algo distinto y nos podíamos juntar todos entrenando y hacíamoso
partidos todos contra todos y esto resultaba gratificante, nos recordaba a los
viejos tiempos.
Con este modo de organización que adoptaron a lo largo de los años yo cada vez me sentía mas desmotivada, iba a entrenar cada vez con mas desgana, no me esforzaba porque no me
incentivaban a hacerlo y fui perdiendo nivel.
Pero en el siguiente campus de verano apareció la gota que
colmaría el vaso; tras varios años aguantando esta situación en las que algunos
de nosotros, no todos, nos sentíamos excluidos del grupo, apartados, nos
sentíamos que no servíamos para el tenis y esto nos llevaba a una gran
desilusión; En este campus una amiga y yo acudíamos juntas a entrenar todas
las mañanas y el primer día llegamos muy ilusionadas porque se suponía que
empezaba una etapa distinta en la que podíamos entrenar todos juntos y jugar
partidos contra todos pero algo inesperado sucedió.
Entramos al club y nos pusieron a mi amiga y a mi en una
pista aparte con niños de 6 y 7 años… aguantamos un día y dos, pero al tercer
día decidí que yo no podía entrenar con niños a los que le llevase casi 10 años
de diferencia, encima en plena adolescencia en la que nos quedamos perplejas y
buscamos explicación a esta situación. Al no dárnosla, me borré
automáticamente, no entendía nada y esto fue el colmo.
Con todo lo sucedido me inundó la desmotivación y el
desinterés y desde ese momento no he vuelto a jugar a tenis aunque sigue siendo
el deporte que mas me gusta. Espero que os haya parecido interesante el motivo
de mi abandono deportivo y que si alguno de vosotros se ha sentido identificado
con esta historia estaría encantada de comentarlo en clase con vosotros. En la
próxima y última entrada de ME INTERESA haré un pequeño resumen de los
principales motivos de abandono tanto deportivo como escolar y realizaré una
reflexión al respecto.